Sentado en soledad, pienso frente a mi escritorio. Tantas ideas, tantas creaciones, tantos análisis, tanto tantos... ¿para qué?.
¿Podemos equilibrar nuestro ego con el desempeño de comunicar a otros lo que sabemos?. Compartir el conocimiento, la experiencia, los resultados, los caminos para nosotros posibles, las satisfacciones, las adversidades ¿podemos contra nuestro propio instinto de la nueva era?.
Todo es ahora, todo se consume rápido, solo perdura quien se adapta, solo perdura quien está en la linea del frente de lo que las manos grandes te dan para que uses, para que vistas, para que comas pero ¿donde queda el compartir? compartir el SABER.
Todo es "ser egos populares", que nos conozcan por lo que elegimos que nos conozcan, lo queremos y por ello lo compartimos pero qué compartimos: vanidad, ego, materia, superficialidad.
Esa integración de la persona física en un entorno inmaterial que circunde como un universo paradisíaco de comunicación, sin comunicar lo verdadero de lo que somos, donde nuestras lagrimas no mojan, donde nuestra vergüenza no es rojiza, donde nuestro placer no es un esbozo de satisfacción, donde nuestra risa no retumba entre las paredes.
Una era de "mega-comunicación", si cada vez hablamos menos, nos posteamos más ¿acaso somos carteles? cual notas pegadas en una heladera con las compras del día después. "Todo para estar más comunicado", si ya no abrazamos solo "nos gustamos", un grito de aliento en un momento difícil es una "notificación".
Entonces ¿qué es lo que compartimos? ¿qué es lo que comunicamos? nos comunicamos NADA, porque no compartimos NADA, somos solo publicaciones, y como tales, no podemos oír.
No somos sentidos, no somos sentimientos, no somos experiencia, somos resultados y análisis de ese universo paradisíaco en el que quieren que vivamos y que no nos pertenece.